Contemplar el arte

Tener tiempo para contemplar nuestro mundo interno y el externo en los tiempos actuales no es frecuente. De hecho, es un auténtico lujo. La falta de tiempo o el deseo de quedarse quieto tan sólo unos minutos, descansar el cuerpo y la mente, es uno de los peores males que nos aqueja en la actualidad. Corremos contra reloj para llegar a tiempo a una cita o al trabajo, peleamos contra los plazos para entregar un proyecto o para hacer pagos impostergables. El estrés es producto de la vida actual llena de exigencias y entonces sentimos el deseo de querer abarcarlo todo en pocos minutos; así, las personas se olvidan del placer de observar un objeto de manera calmada y sin prisas.

Tan sólo basta ver a los visitantes de un museo. La gran mayoría se preocupa más por sacar fotografías de los objetos expuestos y verlos de manera rápida con el objetivo de “ver” todo y sentir que no se ha perdido nada. La pregunta al respecto surge: ¿estos visitantes realmente están apreciando lo que está ante sus ojos? ¿Qué pasaría si se detuvieran algunos minutos más y se dejaran envolver por la obra de arte que está ante ellos, sin importar que no vean las demás?

«El arte, que empieza pareciéndonos ajeno, es valioso porque nos presenta ideas y actitudes que no son fáciles de encontrar en nuestro ambiente que necesitaremos para lograr una interacción completa con nuestra humanidad.»

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